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TESOROS DE LA ESPIRITUALIDAD ORTODOXA: RELATOS DEL PEREGRINO RUSO

La siguiente es una entrevista con Roberto Clark, Hermano Marista y Psicólogo, sobre el cursillo que impartió en el CEDI el pasado mes de julio de 2011.

 

Has centrado el taller sobre los Relatos de un Peregrino Ruso. ¿Qué nos aporta esta obra?

Ofrece un método claro en el camino espiritual que conduce a la “simplicidad del corazón”, es decir, a una consciencia silenciosa: “Observar una completa ausencia de imágenes, esto es, no usar la imaginación y no aceptar ningún tipo de visión durante la contemplación, sea de luz, o de un ángel, o de Cristo, o de no importa qué santo, y apartarse de todo ensueño.” Utiliza el método de la frase repetitiva acompasada con la respiración tranquila, para mantener y dilatar la atención sin focalizarla sobre nada en concreto. En otras palabras, va más allá de las imágenes mentales de Dios, para vivir a Dios en lugar de reducirlo a las propias percepciones.

Bastante profundo el enfoque. ¿Qué ecos recibiste de parte de los participantes?

Todos muy positivos. No es un método difícil. Además de la presentación teórica, hicimos ejercicios prácticos cada día. Los Relatos de un Peregrino Ruso privilegian la práctica sobre la explicación teórica. Me han enseñado que hay que orar sin cesar, pero no sé cómo hacerlo”: éste es el lamento del Peregrino al inicio del relato. Muchas personas actualmente tienen sed espiritual, pero carecen de método.

El grupo de los asistentes era heterogéneo. ¿Hubo reacciones distintas a tu presentación?

Icono2Previendo esta heterogeneidad, abordé el tema del proceso espiritual desde tres ángulos distintos. Se puede entender como un camino inscrito dentro de la tradición cristiana, para abrirse a Dios enteramente a través del rostro de Cristo Jesús, y dejar a Dios ser Dios. Pero también puede entenderse dentro de un contexto no teísta, como apertura a la libertad total, plenamente despejada y vacía de sí misma. Puede incluso abordarse desde la psicología transpersonal, como descubrimiento de la consciencia que está más allá de las palabras, la cual supone el desarrollo de un ego sano antes de poder trascenderlo. Conviene respetar el contexto cultural de cada persona. Creo que cada uno de los participantes escuchó hablar en su propia lengua.

 

 


Decías que “muchas personas actualmente tienen sed espiritual”. Esto es casi un lugar común en los ambientes religiosos de hoy, ¿no te parece?

Hay dos signos importantes en la cultura global que vivimos y que, a mi modo de ver, piden atención urgentísima. Por un lado, la innovación constante en el campo de la ciencia y de la economía. Las teorías científicas ya no se preocupan por captar la realidad tal y como es, sino por ofrecer una explicación provisional que permita interpretar los datos y deducir aplicaciones técnicas, a la espera de una explicación mejor. La economía, por su lado, se centra cada vez más en la producción de nuevos conocimientos que, en un segundo momento, generan nuevas aplicaciones técnicas y, por ende, nuevos productos.

Este movimiento constante está transformando profundamente la civilización humana, basada hasta hace poco en conocimientos estáticos de tipo ideológico, moral, religioso, etc. Pocas personas están en realidad capacitadas para vivir en movimiento constante. De hecho el estrés y el desgaste psicológico están a la orden del día; se manifiestan en el aumento de las psicopatologías y en el consumo de drogas que sube exponencialmente, por dar dos ejemplos concretos.

El segundo signo es la revolución de la comunicación que en tiempo real nos pone en contacto con gran cantidad de personas de características y procedencias diversas. La red social nos expone a la diversidad humana como nunca antes en la historia del planeta. Y, de igual modo, pocas personas están en realidad capacitadas para vivir “en red.” Tendemos a aferrarnos a lo conocido y predecible, y de ordinario estamos expuestos a una “sobredosis de diversidad”. Esto contribuye al estrés y al desgaste psicológico antes mencionado.

Movimiento constante y exposición a la diversidad. Necesitamos desarrollar un nuevo nivel de consciencia más allá de lo estático y lo predecible. Aquí radica, en mi opinión, la crisis de civilización que vivimos en este momento a nivel mundial. La así llamada “sed espiritual generalizada” refleja la intuición de que existen aguas más profundas.

 

¿Crisis de consciencia y crisis de método espiritual?

Exactamente. Podemos llegar a la consciencia silenciosa desde diversos caminos. De hecho las religiones son un depósito de sabiduría en este sentido, y la tradición cristiana guarda tesoros inmensos, aunque quizás un tanto olvidados.

Los seres humanos somos capaces de vivir sin identificarnos estáticamente con nuestros pensamientos, sentimientos y deseos, a los cuales nos aferramos de ordinario para encontrar identidad y seguridad. El término “ego” en este contexto define precisamente esas identificaciones rígidas que nos autodefinen. La consciencia que se suelta de esos puntos de referencia estáticos y predecibles descubre nuevos modos de funcionar, llega a disfrutar el cambio constante y a celebrar la diferencia. Esto nos capacita para vivir en las condiciones que van emergiendo de la cultura global.

 

Pero muchos se preocupan por el relativismo y la confusión de valores que nacen de este cambio constante.

Ciertamente el cambio constante confunde a quienes se guían por una moral nacida de la conciencia estática, fundamentada en un conjunto de afirmaciones racionales. Emmanuel Levinas sostiene y demuestra que la ética en realidad es anterior a la razón porque nace de la capacidad fundamental del ser humano para estar despierto ante el rostro del otro, lo cual no le permite pasar indiferente. La consciencia silenciosa hace experiencia de una compasión que no se basa en la ideología moral. El sacerdote y el levita de la parábola se ven paralizados por la racionalidad – normas litúrgicas y de pureza religiosa – mientras el samaritano, que también tenía razones étnicas para ignorar al herido, fue movido a compasión. La situación actual pide una reformulación urgente de los planteamientos morales desde la experiencia de la consciencia silenciosa.

 

Éste quizás sea un tema polémico…

El ciego de nacimiento fue humilde para dejarse untar barro y saliva en los ojos. Hagamos experiencia de la “simplicidad del corazón”, del completo silencio interior, y nuestros ojos despertarán a la Realidad. Entonces no habrá polémica posible.




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